Hoy me hablo mirándome desde fuera, tengo cosas que decirme porque ayer estuve con una amiga mutua de S y mía y se me han estado viniendo a la cabeza miles de momentos durante toda la noche. Ahí voy…
A veces, los días no avisan.
No te preparan. No te piden permiso.
Simplemente llegan, con recuerdos que se cuelan en las rendijas del presente, con rostros, lugares, canciones o silencios que te devuelven al punto de partida.
Y lo sabes. Lo sientes. Lo vives.
Hoy es uno de esos días.
Uno en los que tu cabeza no dejará de recordarte todo aquello que fue, y todo lo que ya no será.
Pero también es uno de esos días en los que puedes mirarte al espejo —aunque duela— y decir:
“Sigo aquí.”
Porque a pesar de todo lo que callaste, lo que perdiste, lo que dolió sin nombre, aún estás.
A pesar de las ausencias que pesan más que algunas presencias.
A pesar de la voz que a veces te dice que no podrás.
Sigues.
Con las cicatrices y las lecciones.
Con los “ojalá” que no se cumplieron y los “nunca más” que todavía duelen un poco.
Hoy será un día largo.
Pero no estás igual que hace meses.
Hoy te sientes, te escuchas, te permites.
Y aunque tu mente vuelva una y otra vez al piso donde todo comenzó, a las palabras que no pudiste decir, o al amor que no se pudo gritar en voz alta, hoy sabes que ya no vives allí.
Ese piso es parte de tu historia, pero no es tu destino.
Lo que fuiste con S no se borra, pero tampoco te define.
Tú ya no te defines por lo que esperas de alguien, sino por lo que estás construyendo con cada paso, cada elección.
Con tu verdad.
Con tu valor.
Así que si hoy se hace cuesta arriba, recuerda:
No estás retrocediendo. Estás avanzando con memoria.
Y eso, amigo, es de valientes.
Continuará…
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