No escribo esto para remover cenizas.
Lo escribo para recordar que hubo fuego. Que dolió. Que quemó.
Y que, a pesar de todo, sigo aquí.
No necesito justificar el pasado, pero tampoco quiero silenciarlo.
Hubo días en los que no podía ni mirarme al espejo sin sentir que había fracasado.
Hubo personas que me rompieron sin darme la oportunidad de recomponerme.
Hubo decisiones que tomé creyendo que eran amor y terminaron siendo heridas.
No se trata de quedarme anclado en lo que pasó, sino de reconocer lo que me costó salir de ahí.
Porque solo quien ha caminado entre ruinas sabe lo que pesa reconstruirse desde cero.
Y yo lo hice. Aunque me temblaran las manos, aunque no supiera por dónde empezar, aunque muchos días me pesara más la culpa que la esperanza.
A veces el pasado no duele por lo que pasó, sino por lo que quedó pendiente.
Por las palabras que nunca se dijeron.
Por el amor que se dio sin medida y nunca volvió.
Por todo aquello que fui sin que nadie lo notara.
No, no es que viva atrapado en lo que ya no está.
Es que aprendí a mirar mis cicatrices con respeto.
Porque ahí están mis lecciones.
Ahí están mis errores.
Y también mi valor.
No escribo esto para buscar compasión.
Lo escribo porque sé que no fui el único que sangró en silencio.
Y si tú también estuviste ahí, si alguna vez te sentiste insuficiente, si alguien te hizo creer que no merecías más…
Quiero que sepas que doler no es debilidad.
Que sentir no te hace menos.
Que sobrevivir con el alma abierta es de valientes.
Este pasado, el mío, el que aún arde en algunas noches sin sueño, no me define…
Pero me explica.
Y por eso, hoy lo nombro.
No para quedarme en él, sino para seguir caminando sin tener que esconder lo que fui.
Porque de esas llamas nací otra vez.
Y eso… eso merece ser contado.
Continuará…
Deja un comentario