No sé cómo llamarlo. Solo sé que me duele.
No tengo claro si es tristeza, decepción, rabia o resignación. Tal vez es todo eso junto… o tal vez es otra cosa que no se enseña a nombrar. Pero existe. Y está aquí. Apretándome el pecho, desbordándome los ojos sin caer del todo. Estancado como una espina que no termina de clavarse ni de salir.
Me duele verla. No por lo que fue, sino por lo que ya no es.
Porque verla ahora… es sentir que ya no queda nada de lo que tanto cuidé. Que la risa que antes me salvaba, hoy me hiere. Que la mirada que antes me abrazaba, ahora me ignora.
Y duele. Duele mucho. Aunque finja que no. Aunque saque una sonrisa automática. Aunque aprenda a caminar por los pasillos sin detenerme en los recuerdos.
Lo jodido no es que me haya dejado atrás.
Lo jodido es que me dejó… mientras yo seguía apostando por nosotros.
Que me pidió que me fuera cuando lo único que yo quería era quedarme.
Que me empujó a rendirme cuando yo solo quería luchar.
Y lo hice. Me rendí. Me fui. Recogí mis cosas sin pelear. Cerré la boca por miedo a perderla. Y al hacerlo… me perdí a mí. Me perdí tantas veces intentando no perderla, que al final ya no supe volver a casa. Porque me olvidé de que yo también merecía que me eligieran.
Hoy no sé si estoy llorando por ella, o por la ilusión que me hice de quien era.
Porque esa ilusión, esa versión que yo idealicé… esa, sí que valía la pena.
La real… ya no lo sé. Pero me rompió igual.
Y por eso me cuesta dormir. Por eso me pesa el cuello, me explota la cabeza, me enmudece el alma. Porque sigo sintiendo… aunque ya no sepa qué es lo que siento.
Sé que esto no es justo. Ni para mí, ni para quien intenta reconstruirme desde cero.
Sé que estoy cansado. Y no solo físicamente. Cansado de hacer como que no pasa nada. De seguir y sonreír mientras por dentro me estoy cayendo a trozos.
Cansado de verla actuar como si nada, mientras yo cargo con un duelo que no tiene entierro. Que no tiene flores, aunque ella sí las tenga cuando las necesite. Que no tiene adiós.
Pero ya no quiero esconderlo. Porque hay algo que me he prometido: no voy a soltarme. No esta vez.
Y si tengo que caer, lo haré de pie.
Con dignidad. Con todo el dolor que llevo dentro, pero con la certeza de que esta vez, por mucho que duela… voy a salir.
Porque si algo me queda claro hoy, entre tanto ruido interno, es que ya no quiero seguir doliendo por alguien que ya no se duele por mí.
Y si estás leyendo esto desde la otra acera…
Si alguna vez tu indiferencia fue lo que provocó este vacío, solo te pido una cosa:
No me busques cuando me haya curado. Porque ya no quedará sitio para ti en la versión que logré salvar de mí.
Continuará…
Deja un comentario