719. Mi cita de cada 13. Mayo 2025. (Parte II. El lugar que no elegí, pero ocupé)

By

Nunca me dijeron: “tienes que ponerte en segundo lugar”. Nadie me lo enseñó con palabras. Pero algo, en algún momento, se quedó grabado en mi interior como una ley silenciosa. Como si el amor fuera eso: ceder siempre, callar cuando me dolía, entregar incluso cuando no me pedían nada, por miedo a que dejaran de quedarse si ponía límites.

No sé exactamente cuándo aprendí que para merecer cariño tenía que quitarme yo. No puedo señalar el momento exacto en que asumí que para ser querido debía convertirme en fondo, no en centro. Pero sí sé que lo hice. Porque en todas las relaciones que he tenido, sin excepción, me coloqué ahí. En el sitio de quien espera, de quien aguanta, de quien ama a pesar de todo… pero rara vez fue elegido como prioridad.

Y no, no es que no lo sintiera. Es que no sabía nombrarlo. La alexitimia no me lo permitió. Por eso callaba. Por eso me tragaba emociones y solo salían cuando ya era demasiado tarde o cuando estallaban sin que supiera por qué. Me costaba poner en palabras lo que me pasaba, lo que necesitaba, lo que merecía. Y así es como se crea un patrón: cuando no sabes explicarte, tampoco sabes defenderte.

Incluso ahora, incluso hoy, cuando soy mucho más consciente de mí mismo, cuando sé lo que valgo, lo que quiero y lo que no voy a volver a permitir… aún no me siento libre del todo. Porque sigue siendo automático. Porque hay algo dentro de mí que, cuando alguien me importa mucho, me vuelve a empujar al fondo, como si ese fuera mi sitio. Como si no supiera habitar otro.

Lo más curioso es que con J… el patrón habría vuelto a repetirse si no fuera porque fue ella quien lo detectó y no lo permitió. Ella me paró. Me señaló algo que yo aún no alcanzaba a ver con claridad y me hizo entender que eso no es amor sano, que eso no es construir en equipo. Me está ayudando a romper algo que lleva demasiado tiempo en mí.

No sé cuánto me costará cambiar del todo. Pero estoy en ello. He ganado fuerza, determinación y honestidad emocional. Ya no me engaño creyendo que esto es normal, ni me consuelo diciéndome que al menos me quieren aunque no me elijan. Ya no. Ahora lo sé: si no soy primera opción, prefiero ser ninguna. Pero aún me cuesta. Porque duele. Porque me programé para entregarme entero aunque nadie me lo pidiera. Porque aún tengo que aprender a quererme tanto como quise a quienes no me eligieron.

Y aquí estoy, trabajando en eso. En soltar la necesidad de ser útil para ser amado. En dejar de ofrecer todo a cambio de migajas. En creerme que no tengo que demostrar nada para merecerlo todo.

Me puse en segundo lugar tantas veces que aprendí a vivir ahí. Pero ya no quiero ese sitio. Porque aunque lo conozco, no me pertenece.

Hoy escribo esto desde la conciencia. Desde el dolor. Y también desde el principio de algo nuevo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario