724. Donde nació mi inseguridad: El silencio que no recuerdo

By

Primera entrada de la serie: Donde nació mi inseguridad.

Hay partes de mí que no sé nombrar. Hay heridas que no sangran, pero duelen. Y hay preguntas que aún no sé si quiero responder.

Cuando me preguntaron por qué soy tan estúpidamente inseguro, me quedé en blanco. Porque no es solo una cuestión de ahora… es algo que me acompaña desde antes de que supiera ponerle nombre. Desde antes de poder entender lo que era sentirse pequeño incluso en medio de una multitud.

Sé que hay algo en mi infancia, en esos años borrosos que mi mente guarda con recelo. No es solo un recuerdo olvidado. Es un silencio espeso que me protege y, a la vez, me asfixia.

Quizá no lo recuerdo porque fue doloroso. O quizá simplemente porque fui aprendiendo a callarme lo que me dolía, hasta que aprendí también a olvidarlo.

No sé qué pasó exactamente. Solo sé que, desde muy pequeño, sentía que no era suficiente. Que no era el elegido. Que era mejor pasar desapercibido. Que si hacía reír, al menos me aceptaban. Que si daba sin pedir, no se irían. Que si no exigía, tal vez no me dejarían de lado.

Y aún hoy lo sigo haciendo sin darme cuenta. Aún hoy busco la mirada de aprobación, aunque ya no la necesite. Aún hoy me cuesta entender que no tengo que mendigar cariño, ni demostrar a cada segundo que merezco amor.

Pero aquí estoy. Tratando de mirar de frente ese lugar oscuro que nunca quise explorar. Sé que no tengo que tener todas las respuestas. Sé que la memoria no siempre es precisa.

Pero también sé que este vacío tiene un origen. Que esta forma de romperme cada vez que alguien me rechaza no nació en la adultez… sino en algún rincón perdido del niño que fui.

Y ese niño, al que todos daban por hecho, al que pocos escuchaban, al que dejaron fuera tantas veces… aún me habita.

Hoy no quiero obligarme a recordar. Hoy solo quiero abrazarlo.

Decirle que no fue culpa suya. Que no merecía ser ignorado. Que no debía esforzarse tanto para gustar. Que no estaba roto.

Y que, aunque no sepa exactamente cuándo empezó todo, ahora estoy aquí, con él.

Dispuesto a sanar, aunque duela.

Porque quizá no pueda borrar la inseguridad de golpe.

Pero sí puedo, por fin, dejar de alimentar la voz que me dice que no valgo.

Y eso, para mí, ya es un comienzo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario