730. Donde nació mi inseguridad: Cuando entendí que sobrevivir no era vivir

By

Séptima entrada y cierre de la serie: Donde nació mi inseguridad

Y aquí tienes el enfoque desarrollado para que lo leas con calma y me digas si quieres cambiar algo antes de preparar el texto completo:

Después de todo lo vivido, después de cargar años con heridas abiertas, de sentir que lo que me definía era aquello que me faltaba y no lo que tenía… llegó un momento. No fue una epifanía, no fue una frase bonita de libro de autoayuda, no fue una conversación milagrosa. Fue el cansancio. El de seguir viviendo como si cada paso doliera. El de avanzar con miedo, como si cada palabra dicha fuera una amenaza para ser abandonado. El de dar tanto que ya no recordaba qué se sentía al recibir sin pedirlo.

Sobreviví, sí. Durante años. En silencio. A veces con una sonrisa que no era mía. A veces con un “estoy bien” que quería decir “sálvame”. Sobreviví como quien aprende a no molestar, a no exigir, a conformarse con menos porque el “más” siempre parecía estar reservado para otros. Fui la segunda opción de muchos. El amigo disponible. El hombro que no lloraba. El que siempre estaba… aunque a veces, ni siquiera sabían verlo.

Pero un día me detuve. Y ahí lo entendí: sobrevivir no es vivir. No cuando lo haces apagando partes de ti para encajar. No cuando tu miedo a perder te hace entregarte más de lo que puedes sostener. No cuando amar se convierte en renunciar y no en compartir.

Esta entrada va de eso. De ese momento en que dejé de mirarme como alguien roto y comencé a reconocer en mí a alguien que lo había dado todo… incluso cuando no lo merecían. Va del día en que empecé a recoger mis pedazos no para volver a ser el de antes, sino para construir a alguien nuevo. Alguien que, esta vez sí, supiera que valía la pena vivir… no sólo sobrevivir.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario