Me han preguntado si te quiero lo suficiente como para esperarte… sabiendo que estás con otra persona.
Sabiendo que ya no me piensas.
Sabiendo que te has ido de mi vida, y que —según todos— no vas a volver.
Y la respuesta es sí.
Aunque suene loco.
Aunque me deje en evidencia.
Aunque me digan que soy un tonto por seguir aquí.
Sí, lo hago. Porque quererte me hace bien.
Aunque esperarte me esté destrozando día a día.
No sé explicarlo.
No hay lógica, no hay plan.
Solo hay este corazón que, a pesar de todo, aún late en tu nombre.
Aún se acelera con el recuerdo de tus abrazos.
Aún se encoge con la idea de que ya no soy parte de tu mundo.
Sé que tienes otra vida, otra historia, otro presente.
Sé que te has ido… pero yo no he podido irme del todo.
No sé cómo se hace eso de soltar del todo a quien se ha quedado a vivir en el centro de uno mismo.
No sé cómo olvidar a quien fue mi hogar cuando el resto era ruina.
Te espero, aunque no me esperes.
Te quiero, aunque no me quieras.
Y sé que esto no es sano.
Sé que no debería.
Porque hay alguien que sí está apostando por mí.
Alguien que no duda, que no huye, que no juega con lo que siento.
Alguien a quien estoy intentando cuidar como merece, como no supe cuidarme yo cuando me perdí en ti.
Y sin embargo… te pienso.
Te pienso con rabia, con ternura, con dolor, con ternura otra vez.
Y cuando me preguntan si sigo ahí, esperándote… no sé mentir.
Sí.
Y no porque me lo merezca.
Ni porque tú lo merezcas.
Sino porque hay amores que, aunque no se vivan, no terminan.
Porque hay ausencias que se instalan y ya no preguntan si pueden quedarse.
Y tal vez mañana ya no.
Tal vez despierte un día y tu nombre no sea el primer latido.
Tal vez por fin consiga dejar de esperarte…
Pero hoy, aún no.
Hoy, sigo aquí.
No para que vuelvas.
No para que me busques.
Solo para reconocerme… en lo que aún no he podido soltar.
Continuará…
Deja un comentario