752. Donde se confunden – Confianza y vértigo

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Segunda entrada de la serie: Donde se confunden

Hay una línea muy fina entre sentirte a salvo en los brazos de alguien y sentir que te estás dejando caer sin red.

La confianza y el vértigo se parecen más de lo que creemos.

Confiar es soltar el control. Es mostrar las cicatrices sin saber si serán besadas o ignoradas. Es mirar al otro con el alma abierta y decir: “esto soy, sin armaduras”.

Y eso… da vértigo.

Porque, cuando vienes de haberlo dado todo y haberlo perdido igual, la confianza no es un regalo, es un salto al vacío.

Una apuesta que puede salir mal.

Un “aquí me quedo” que no sabes si el otro va a corresponder.

Pero también es un acto de amor propio.

Porque confiar no es ingenuidad, es coraje.

Es decir: “puedo volver a romperme, pero aún así, elijo amar”.

Y cuando encuentras a alguien que no huye de tus heridas, que no juzga tus miedos, que se queda cuando no entiendes ni tú lo que sientes… el vértigo se vuelve paz.

Sí, puede que tiemble el suelo.

Puede que no sepas hacia dónde vas.

Pero sientes que, al menos esta vez, no caminas solo.

Y entonces aprendes que la confianza no es ausencia de miedo, sino la decisión de seguir creyendo… a pesar de él.

Continuará…

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