753. Donde se confunden – Complicidad y distancia

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Tercera entrada de la serie: Donde se confunden

Hay momentos en los que puedes reírte con alguien como si no existiera el mundo, y aun así, sentir que está a kilómetros de ti.

La complicidad y la distancia a veces duermen en la misma cama.

Porque puedes compartir bromas, secretos, miradas cómplices, incluso planes…

Y sin embargo, saber en el fondo que algo se ha ido.

Que ya no te eligen con la misma certeza.

Que el cuerpo está cerca, pero el alma… un poco más lejos cada día.

No todo lo que fluye es amor.

A veces la inercia imita a la conexión.

Y uno se queda por costumbre, por miedo, por no romper esa burbuja donde todo parece funcionar… salvo el corazón.

Pero también puede suceder lo contrario:

Sentir una complicidad tan pura, tan sincera, con alguien que ya no está.

Alguien a quien le sigues escribiendo mentalmente lo que no dijiste.

Alguien con quien la distancia no ha roto el vínculo, solo lo ha silenciado.

Y ahí lo entiendes:

Que la complicidad no basta si no hay presencia.

Que la distancia no siempre es física.

Y que hay ausencias que duelen más cuando todo parece seguir igual en la superficie.

Complicidad sin entrega.

Distancia con nostalgia.

Una mezcla tan confusa como triste…

Que deja el alma llena de palabras que no se dijeron, y abrazos que ya no encuentran cuerpo.

Continuará…

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