Epílogo de la serie: Donde se confunden
No hay brújula que funcione en este mapa de emociones cruzadas.
Uno piensa que el amor es claro, que el dolor es obvio, que el olvido es definitivo.
Pero entonces vives…
Y descubres que se puede querer a quien ya no te cuida,
que se puede extrañar a quien te soltó, y que incluso después de cerrar la puerta, hay miradas que siguen entrando por las ventanas.
Porque no todo termina cuando se va.
A veces lo que más duele no es que no esté, sino que aún vive en ti, aunque no lo invite.
En esta segunda entrega, lo hemos dicho sin decirlo,
como se dicen las cosas importantes cuando el corazón no aguanta otra despedida más: que el amor no siempre llega limpio,
que a veces se mezcla con dudas, con rabia, con distancia, con cansancio.
Y aun así… sigue siendo amor.
Lo que pasa es que el amor también cansa.
Cansa de esperar, de callar, de intentar.
Y cuando se cansa, ya no se grita… se va.
Y cuando se va, ya no duele igual… pero duele distinto.
Y ahí es donde aparece esta serie.
En ese punto en el que ya no sabes si lo que sientes es recuerdo o deseo.
Si sigues luchando… o simplemente no sabes cómo soltar.
Porque algunas emociones no se enfrentan…
Se aceptan.
Y desde esa aceptación, aprendemos a vivir con ellas, aunque nos confundan, aunque no encajen.
Porque tal vez el verdadero final no es olvidar.
Es entender.
Y seguir.
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