Ayer la pregunta fue si te quería lo suficiente como para esperarte… sabiendo que estabas con otra persona.
Hoy la pregunta cambió. Fue más corta, pero mucho más certera.
¿Te dolió perderla?
¿Que si me dolió?
Mientras yo intentaba sanar, mientras me rompía y me reconstruía desde los escombros para poder ofrecerla una versión de mí más consciente, más entera, más libre… ella ya estaba con alguien más.
Mientras me miraba al espejo intentando entender por qué no podía dejar de pensar en ella, por qué mi forma de quererla era tan intensa que me dejaba sin voz, por qué me sentía culpable por no saber expresarle lo que sentía y cómo lo hacía… ella ya dormía al lado de otro.
Mientras yo callaba mis propios miedos para no cargarla con ellos, mientras aprendía a entender lo que sentía porque ni siquiera sabía cómo nombrarlo… ella ya le estaba contando su día a otro.
Mientras me partía en mil por cuidar su calma, por que no la faltara un abrazo, una palabra, un gesto… ella ya se estaba mudando a compartir su vida con él.
¿Que si me dolió?
Ni siquiera sé explicarlo.
Fue una mezcla de impotencia, traición silenciosa y ausencia anticipada.
Una herida que no se vio venir y que se abrió sin previo aviso.
Porque no fue solo perderte.
Fue todo lo que seguía apostando por ella mientras que por su parte ya había movido las fichas fuera del tablero.
Y no, no busco que lo entienda nadie.
Tampoco que te duela.
Pero quizás, soltarlo me ayude a que pese menos.
Porque puede que me haya callado demasiado.
Puede que haya disimulado bien.
Pero dolió. Dolió como nunca.
Y esa es una verdad que no necesita aplausos ni compasión.
Sólo necesitaba soltarla.
Continuará…
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