763. La última granada

By

Dicen que hay canciones que solo duelen cuando has amado de verdad.

Y tú, que me enseñaste a sentir sin medida y a romperme sin aviso, estás en cada una de ellas.

Hoy, sin quererlo, sin buscarlo, escuché a Beret.

Y cada palabra suya parecía escrita con los restos de lo que quedó de mí después de ti.

Y esta vez, no quiero disimular el temblor.

No quiero taparme los oídos.

Hoy, necesito que duela.

Que explote la última granada que me quedó dentro.

Porque, ¿sabes qué?

Mientras tú ya cantabas otras canciones con alguien nuevo, yo aún bailaba con tus fantasmas.

Mientras tú encontrabas otros brazos donde dormir, yo aún arropaba tu ausencia en el lado frío de la cama.

Mientras tú aprendías a vivir sin mí, yo aún intentaba sobrevivir con el recuerdo de todo lo que fuimos.

Y eso, no se supera en dos pasos ni se olvida en dos tragos.

Eso se arrastra. Se mastica. Se llora en silencio mientras sonríes por fuera.

Yo me reconstruí con las manos vacías.

Me recogí del suelo con la voz temblando y el alma en huelga.

Y mientras tú huías de cualquier despedida sincera, yo escribía cartas que nunca enviaré.

Pero no todo ha sido pérdida.

Porque en medio de la destrucción, apareció alguien que me mira con los ojos que yo te puse a ti.

Alguien que no me exige cicatrizar rápido, que no me compara con su pasado, que no necesita que le mendigue amor para quedarse.

J llegó como un refugio, como un abrazo sin condiciones, como una promesa que no necesita juramentos.

Y sí, estos días me están costando. Porque recordar(te) me sigue desordenando.

Porque aún hay canciones que suenan a ti.

Pero ya no eres todas las canciones.

Ya no eres todas mis razones.

Porque por fin entendí que el amor no se suplica.

Que quien quiere estar, no se va dejando cenizas, se queda y reconstruye contigo.

Y tú solo supiste incendiarlo todo.

Así que hoy…

Aunque escuche a Beret una y otra vez, aunque me sangren los acordes y se me enrede la garganta, aunque a veces aún me derrumbe cuando nadie me ve…

Hoy me quedo con lo único que no pudiste quitarme: mi capacidad de amar a pesar del dolor.

Y si algún día te preguntas si me dolió, si aún te pienso, si aún te espero…

Recuerda esto:

“Jamás podré explicar ni cuantificar cuánto me dolió… pero aún así, aprendí a sobrevivir sin ti.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario