767. Ser fuerte también agota

By

Tercera entrada de la serie: Me estoy cansando de dar explicaciones

Siempre se espera que resista. Que aguante. Que, pase lo que pase, tenga una sonrisa que calme, palabras que ayuden y una actitud serena que tranquilice a los demás. Como si ser fuerte fuera mi único papel en esta vida.

Y sí, muchas veces lo soy. Me sostengo. Me recompongo. Me levanto incluso cuando el alma no quiere seguir caminando. Pero también hay días —como hoy— en los que me pesa todo.

Ser fuerte no significa que no duela. Significa que lo llevo por dentro, en silencio, para que no se note. Significa que mientras los demás encuentran refugio en mí, yo tengo que inventar uno propio donde esconder mis lágrimas.

Estoy cansado. No porque me falte amor para dar, sino porque a veces me lo niego a mí mismo para entregárselo a los demás. Estoy cansado de siempre tener que estar bien para que nadie se preocupe. De apagar mis incendios solo, mientras sonrío para no incomodar a nadie.

Y, ¿sabes qué? Ser fuerte también debería incluir el derecho a derrumbarse. A pedir ayuda. A dejarse cuidar. A no poder con todo. Porque incluso la columna más firme se resquebraja cuando no se le permite descansar.

Hoy no quiero ser un pilar. Hoy solo quiero ser alguien que respira. Que existe sin presión. Que no tiene que explicar por qué siente tanto, por qué a veces se rompe, por qué le duele seguir.

Hoy, simplemente, me abrazo. Sin exigencias. Sin máscaras. Con el respeto que también merezco. Porque ser fuerte no debería significar olvidarse de uno mismo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario