Cómo te explico que quiero quedarme incluso cuando no puedas ni contigo.
Que quiero sujetarte entre mis brazos cuando tus piernas ya no sepan sostenerte, cuando el mundo pese tanto que hasta respirar se te haga cuesta arriba.
No me importa si hay días en los que apenas puedes hablar.
No me asusta tu silencio.
Prometo escucharlo también.
Y si prefieres callar, seré silencio.
Y si prefieres reír, sacaré la carcajada más absurda que tengo guardada solo para ti.
Cómo te explico que no tienes que fingir nada conmigo.
Que no vine a verte perfecta, vine a verte real.
Sin máscaras. Sin escudos. Sin miedo.
Vine a quedarme también en tus días grises, a mirar contigo el techo cuando no quieras hacer nada más.
Porque quiero conocer cada centímetro de ti: de tu piel, de tu historia, de tus batallas.
Y cuando lo malo explote —porque a veces lo hace— seré escudo. O espalda. O mano.
Lo que necesites.
Porque tus heridas no me asustan: me invitan a quedarme.
Hace tiempo que te elegí, sabiendo que ningún ser humano es perfecto.
Y sabiendo que tú… eres exactamente la imperfección más hermosa que he conocido.
Por eso estoy aquí.
No para rescatarte.
Sino para sostenerte mientras aprendes a volar de nuevo.
Contigo. Para ti.
Sin promesas vacías.
Con el amor más lleno que sé dar.
Continuará…
Deja un comentario