774. Quédate, si alguna vez lo sentiste de verdad

By

Últimamente hay un pensamiento que no me deja dormir.

Y no es el miedo a la soledad. Es la tristeza de imaginar que tú y yo, que fuimos tanto, podamos terminar siendo nada.

Que un día te cruce por la calle y no sepa si mirarte, si sonreír, o si seguir caminando como si nunca hubiéramos sido.

Y tú no eras una cualquiera. Tú fuiste casa, risa, consuelo, deseo, refugio.

Fuiste esa persona que no se olvida aunque se aleje.

Y eso, no se inventa. Eso se siente.

Quizá suene mal pedirlo, quizá no debería hacerlo, pero me nace decirlo como lo pensé tantas veces y jamás me atreví a escribirlo:

Quédate.

Quédate si alguna vez lo sentiste de verdad.

Quédate si aún recuerdas lo que fuimos cuando todo lo demás se caía.

No por costumbre, no por pena… sino porque contigo todo tenía más sentido.

Porque me hacías sentir visto, escuchado, incluso cuando no sabía cómo explicarme.

A veces me cuestiono todo:

¿De verdad estuviste ahí cuando me derrumbaba?

¿O fui yo quien te idealizó para no aceptar que también te fuiste cuando más te necesitaba?

¿Me ofreciste consuelo o sólo tupe el silencio que yo confundí con cuidado?

Sé que muchas cosas no fueron como quise creer.

Que no siempre supiste quedarte, ni yo supe pedir que lo hicieras.

Que hubo ausencias que callé, heridas que cubrí con gestos bonitos, y palabras que nunca llegaron.

Y, sin embargo, sigo escribiéndote como si aún tuvieras las respuestas que necesito.

Tú fuiste todo eso y más.

Fuiste la esperanza en forma de mirada.

La calma en mis noches más tensas.

Fuiste también el dolor que más me ha costado soltar.

Y aunque ahora lo entienda distinto, no me arrepiento de haber querido como quise.

Porque amarte fue, aunque duela decirlo, una de las formas más sinceras de encontrarme a mí.

Hoy no te pido que vuelvas.

Tampoco que me busques.

Solo quería dejar por escrito que, si alguna vez te sentiste hogar en mis brazos, yo también lo fui en los tuyos.

Y eso, por mucho que se borre, permanece.

Si algún día lees esto… no lo tomes como una súplica.

Tómalo como lo que es:

Un pedazo de mí que se quedó contigo, sin que te dieras cuenta.

Una despedida escrita con la tinta de quien amó sin miedo y perdió sin rencor.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario