775. De noche, cuando no estás

By

Llevo días agotado, física y emocionalmente. El trabajo, el inventario, el estar mano a mano con S más de lo habitual… todo me pasa factura. Y lo peor es que, a pesar de mantener la distancia, a pesar de querer cerrar esta historia, sigo preparándola para avanzar en su puesto, para promocionar. Porque me sale solo, porque me importa, porque sigo siendo yo, aunque no debería.

Y en medio de ese agotamiento, anoche, sin fuerzas siquiera para pensar con claridad, salió esto:

¿También sueñas conmigo?

Hay noches en las que el insomnio no tiene nada que ver con el café o con el estrés del día. Hay noches en las que simplemente me vence el pensamiento de ti. Me recuesto, cierro los ojos, pero no descanso… porque apareces. A veces como recuerdo, otras como deseo, otras más como esa pregunta que no me deja en paz:

¿También sueñas conmigo?

Me lo he preguntado muchas veces. ¿Será que cuando la luna asoma y el mundo se aquieta, tu mente viaja hasta donde estoy yo?

¿Será que en medio de tus sueños, sin darte cuenta, te cruzas conmigo y me abrazas, aunque solo sea en tu subconsciente?

Porque yo, sin buscarlo, te encuentro. Te veo sonriendo, caminando a mi lado, mirándome con esos ojos tuyos que me desarman.

Te sueño tan cerca que a veces me despierto creyendo que en cualquier momento vas a aparecer.

Y entonces, cuando amanece y todo vuelve a la rutina, me sigo preguntando cosas que quizás nunca me atreva a decirte de frente.

¿Me extrañas?

¿Sientes mi ausencia cuando pasan los días y no sabes de mí?

¿Te pasa también que ves algo, escuchas una canción, y por un segundo piensas en mí sin querer?

Porque a mí me pasa todo el tiempo.

Cada vez que escucho esa canción que compartimos. Cada vez que veo algo que sé que te haría reír. En cada pequeño detalle estás tú.

A veces me detengo a mirar el móvil con una ilusión tonta, esperando una notificación tuya, un mensaje breve, un simple “¿cómo estás?”.

No te imaginas cuánto pueden significar esas palabras cuando vienen de ti.

Porque cuando no estás, todo se siente un poco más gris, un poco más frío.

No es tristeza, no del todo.

Es solo que tu ausencia pesa, incluso cuando trato de convencerme de que no debería.

Y entonces surge otra pregunta que me carcome en silencio:

¿Me quieres?

¿Aunque sea en secreto, aunque aún no lo sepas o no sepas cómo decirlo?

Porque yo no quiero forzar respuestas, no quiero empujar sentimientos.

Solo quiero saber si, en lo más profundo de ti, hay un rincón donde yo viva.

Si alguna vez tu corazón se acelera al pensar en mí.

Si alguna vez te detienes a mirar el cielo y piensas:

“Ojalá estuviera aquí.”

No sabes cuántas veces me he quedado con las palabras atoradas, deseando escribirte todo esto, deseando enviarte un audio, llamarte, buscarte… pero me contengo.

No por falta de ganas, sino por miedo.

Miedo a saber que todo esto es solo mío.

Miedo a descubrir que mientras yo pienso en ti con el alma, tú ya sólo piensas en alguien más.

Miedo a arruinar lo que queda con lo que siento.

Pero aun así, aquí estoy, dejando que estas palabras salgan como pueden, como saben, como nacen.

Porque merezco sacarme estas dudas del pecho, aunque no tengan ninguna respuesta, porque tampoco se espera ya.

Porque si hay una mínima posibilidad de que tú también sientas algo, quiero creer que estas palabras, de algún modo, te llegarán.

Tal vez no hoy, tal vez no con la claridad que espero, pero llegarán.

Dime, aunque sea con una mirada, con un gesto, con una palabra disfrazada de casualidad…

¿También piensas en mí antes de dormir?

¿También imaginas un futuro donde nuestras historias se entrelacen sin miedo?

¿También quisieras saber si yo siento lo mismo que tú?

Yo ya no puedo ocultarlo.

Te pienso. Te extraño. Te quiero.

Y me muero de ganas por saber si tú también.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario