778. No siempre se ve, pero pesa

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Ayer una compañera me dijo con toda su buena intención: “Tienes cara de cansado, hoy te ves triste.”

Y me quedé callado, porque explicar que estoy triste todos los días, cansa. Solo que ayer, simplemente, no tuve la energía suficiente para ocultarlo. Y no siempre hay fuerzas para fingir.

He aprendido que las lágrimas, aunque no se vean, tienen su idioma. Son palabras que el corazón no se atreve a pronunciar. Que el dolor, cuando se guarda tanto tiempo, encuentra formas de salir, incluso en los silencios.

Mi mente está llena de cosas que nunca digo. Pensamientos que callo porque no quiero preocupar, porque estoy aprendiendo a sostenerme solo, incluso cuando me siento cansado de mí mismo. Y créeme, eso pesa más que cualquier carga externa.

Hay días en los que sólo necesito un abrazo. Uno sin palabras, sin preguntas, sin análisis. Un gesto que me diga que no estoy tan solo como a veces creo. Porque hasta lo simple, cuando es sincero, sana.

Intento dormir, pero la mente no calla. Me recuerda todo lo que no digo, lo que no resolví, lo que aún me duele. Y aunque no siempre lo muestro, a veces solo quiero rendirme, tumbarme, desaparecer un rato del mundo que no siempre sabe mirar más allá de la fachada.

Querida vida… ya me hiciste pedazos muchas veces.

Y sin embargo, sigo. Me duele todo, pero sigo.

Porque sé que, aunque hoy pese, aunque hoy duela, no siempre será así.

Pero mientras tanto, permíteme estar roto sin tener que justificarme.

Permíteme necesitar silencio sin tener que explicarlo.

Permíteme ser humano.

Continuará…

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