No porque haya perdido, sino porque necesito parar. Porque hay días en los que el alma pesa más que el cuerpo, y seguir fingiendo fortaleza se vuelve una carga insostenible.
He aprendido que rendirse no siempre es sinónimo de derrota. A veces, es un acto de amor propio. Es reconocer que no puedo con todo, que también merezco descanso, que también tengo derecho a no estar bien.
En mi camino, he enfrentado tormentas internas que pocos conocen. He luchado contra mis propios pensamientos, contra la ansiedad, contra la tristeza que se disfraza de indiferencia. Y en medio de esa batalla, he comprendido que no siempre tengo que ser el fuerte, el que sostiene, el que nunca cae.
Hoy me permito sentir. Me permito llorar si es necesario. Me permito no tener respuestas. Porque en esa vulnerabilidad también hay belleza, también hay crecimiento.
Mañana volveré a intentarlo. Mañana me levantaré con nuevas fuerzas. Pero hoy, solo por hoy, me rindo. Y está bien.
Continuará…
Deja un comentario