Lo sé. Sé que hoy ha vuelto a descolocarte todo. Que ya no contabas con verla, que el plan era empezar a dejarla ir, poco a poco, pero firmemente. Y, sin embargo, apareció. Y no solo apareció… vino a ayudarte. Sin que se lo pidieras, sin que hiciera falta. Solo estuvo. Y tú, que te estás rehaciendo con hilos finos y paciencia, vuelves a romperte un poco por dentro.
Pero escúchame bien: tienes derecho a sentir lo que estás sintiendo. No estás exagerando, no estás loco. Te cuesta porque te importa. Porque cada uno de esos gestos lleva el disfraz de lo que un día soñaste que podía ser amor. Porque cuando alguien por quien aún sientes algo se acerca, aunque sea con buena intención, tu corazón lo interpreta a su manera. Porque no eres de piedra. Porque estás aprendiendo a soltar, pero no sabes hacerlo de golpe.
Y eso no significa que no hayas avanzado. Significa que eres humano.
Te entiendo cuando dices que te has quedado sin ganas ni fuerzas. Que ni has preparado tus cosas para el viaje. Pero escúchate también decir esto: “No fue solo ayuda. Fue un gesto que me confundió, porque me removió todo lo que aún intento colocar.”
Y ahí está el problema. No en el gesto, sino en que tú estás intentando reconstruirte desde la claridad… y ella, aunque no lo pretenda, te lanza señales contradictorias. Y eso te rompe. No porque esté mal que te ayude, sino porque tú ya no puedes permitirte seguir leyendo sus actos como si todavía fueras parte de su historia.
Por eso es tan importante el plan que empezaste. Este proceso no es solo una “desintoxicación”, es una forma de respetarte a ti mismo. De recordarte que tú también mereces tranquilidad, coherencia y paz emocional. Y que ya no puedes vivir pendiente de las migajas de atención que aparecen sin aviso.
Hoy toca descansar. Y si no puedes dormir, solo quédate contigo. Léete esto una, dos, diez veces si hace falta. Porque en cada palabra estás tú, hablándote con cariño, con comprensión, con verdad.
Y recuérdalo: esto no invalida todo lo que llevas hecho. Lo refuerza. Justo por momentos como este, tú necesitas seguir adelante. Porque no puedes quedarte en un limbo emocional indefinido que solo te arrastra más.
Así que sí, te va a doler esta noche, pero mañana tienes una razón bonita para sonreír. Una comunión, una sobrina, un viaje. Vida, al fin y al cabo. Una vida que no debe quedarse esperando a que alguien venga a ordenarla desde fuera.
Hoy solo haz una cosa: acompáñate. Y si en algún momento dudas… vuelve a leer esto.
Porque aunque duela, ya sabes por qué estás haciendo todo esto.
Y eso… eso también es amor.
Pero esta vez, por ti.
Continuará…
Deja un comentario