Desintoxicación emocional – Cierre del día
Hoy no ha pasado nada extraordinario.
Y quizás ahí radica lo bonito.
Fue un día de esos en los que el alma respira sin que nada la empuje, en los que el cuerpo se relaja sin prisas y la mente, por fin, se queda en silencio. Solo playa, sol, brisa… y un atardecer que me encontró sentado, con una cerveza en la mano, observando cómo el día se despedía sin hacer ruido.
No pensé en nada.
O, mejor dicho, pensé en mí.
En cómo me sienta bien no correr. En lo distinto que se siente estar presente, sin sobresaltos ni expectativas. En lo necesario que es regalarse calma cuando uno ha vivido tanto tiempo en guerra.
No hubo mensajes, no hubo fantasmas.
Solo el sonido del mar y la certeza de que hoy estoy mejor que ayer.
Y eso, para mí, ya es suficiente.
Continuará…
Deja un comentario