Desintoxicación emocional – Día 1
A veces no se trata solo de dejar de hablarle a alguien. Se trata de silenciar todo lo que esa persona despierta incluso cuando ya no está. Se trata de cortar un vínculo que no vive en los hechos, sino en los gestos, en los recuerdos y, sobre todo, en los impulsos que uno ni siquiera sabe que siguen vivos… hasta que arden.
Anoche volví a caer. No escribí, no huí, no llamé a nadie. Solo leí en bucle la última entrada. Esa en la que decía que no iba a volver a verla, aunque me doliera. Y dolía. No porque quiera volver. No porque aún me crea sus promesas a medias. Dolía porque, incluso en la víspera de empezar este proceso, volvió a aparecer algo suyo. Un gesto mínimo, aparentemente inofensivo. Pero no fue casualidad. Fue punzada. Fue anzuelo. Fue ese viejo hábito disfrazado de inocencia que intenta reabrir lo que por fin estaba cicatrizando.
Por eso estoy aquí.
Porque esta vez sí voy a romper el ciclo. No voy a vivir esperando señales, ni gestos que confirmen nada. No voy a permitir que una sola mirada suya derrumbe el trabajo de semanas. Hoy empieza el proceso más importante: desintoxicarme de ella.
Y no me refiero a borrarla como si nunca hubiera existido, sino a liberarme de su sombra, de su eco, de su presencia fantasma en cada rincón que compartimos. Voy a aprender a pensar sin que me duela. A recordar sin que me queme. A elegir sin temor a decepcionarla.
Esta desintoxicación no será sencilla. Tendré que enfrentarme a las horas muertas, a los silencios incómodos, a la tentación de revisar, imaginar, volver atrás. Pero esta vez, tengo un plan. Y más importante aún: tengo voluntad.
Voy a ocupar mis días con lo que me hace bien:
– Caminatas largas con música que no la nombre.
– Escritura honesta, aunque duela.
– Libros que me devuelvan el mundo que ella me cerró.
– Películas que me hablen de otros futuros.
– Mensajes que no espero, pero que merezco.
– Silencios que no escondan angustia, sino paz.
– Y una villa frente al mar donde solo cabe lo que me reconstruye.
Sé que vendrán días peores. Sé que vendrán vacíos. Pero también sé algo más: si aguanto este primer empujón, si resisto el impulso de volver a donde ya no soy bienvenido, habré ganado la primera gran batalla.
Hoy no quiero venganza. No quiero que le duela lo que yo siento. Solo quiero que deje de dolerme a mí.
Y eso… empieza ahora.
Continuará…
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