Desintoxicación emocional – Día 4
Empieza el cuarto día. Y, por primera vez en mucho tiempo, el silencio no me parece enemigo.
No me aprieta el pecho, no me llena la cabeza de voces que no quiero escuchar. Hoy, el silencio suena a espacio. A descanso. A una tregua interna que me estoy permitiendo.
Me despierto con la sensación de haber cruzado un umbral.
Aún hay recuerdos, sí. Aún hay heridas que duelen si las toco.
Pero también hay algo distinto: no me duelen igual.
No los alimento. No los busco. No me persigo a mí mismo para entenderlo todo.
Hoy simplemente sigo.
Con calma, con intención, con menos urgencia por estar bien… y más aceptación por cómo estoy realmente.
No necesito explicarle a nadie por qué camino solo, por qué no respondo, por qué elijo el mar antes que ciertas conversaciones. Estoy en un momento en el que mi paz no es negociable, y eso no tiene que ser entendido, solo respetado.
El cuerpo pide movimiento, el alma pide aire, y yo me lo voy a dar.
A mi ritmo. Con mis pasos. Y con la certeza de que cada día cuenta, aunque parezca que no pasa nada.
Porque sanar también es esto: dejar de luchar contra uno mismo.
Continuará…
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