798. Día 6 – Cuando la intranquilidad esconde un milagro

By

Desintoxicación emocional – Día 6

Ayer algo no encajaba. No era tristeza ni ansiedad. Era una sensación extraña, una intranquilidad que no sabía de dónde venía, pero que me recorría el cuerpo como si algo estuviera a punto de ocurrir.

Y ocurrió.

Estos días he estado en la villa con mis amigos, pero sinceramente, cada uno ha ido a su ritmo. Yo mismo les pedí que así fuera. Ellos venían a disfrutar de unas vacaciones; yo vine a otra cosa: a desintoxicarme emocionalmente, a soltar lo que me duele, a dejar de sostener vínculos que ya no me corresponden, a reencontrarme con quienes sí están… y con quien estoy empezando a ser yo de nuevo.

He pasado estos días casi en soledad elegida. Excepto por una comida que cociné para todos ayer, el resto del tiempo ellos han estado en la playa, en su ritmo, y yo en el mío.

Pero lo que no sabía era que, mientras yo me refugiaba en esa soledad necesaria, ellos estaban preparando algo que jamás habría imaginado.

Uno de ellos me pidió el coche, supuestamente para ir a comprar algunas cosas para sorprender al grupo. Me dijo que no se encontraba del todo bien, que prefería quedarse en la villa conmigo. Y aunque me pareció raro, no sospeché nada.

Más tarde, cuando el resto regresó de la playa, noté que no hacían demasiadas preguntas por su ausencia, lo cual me extrañó. Pero tenía la cabeza en otra parte, así que no le di importancia.

Hasta que supe la verdad.

El viaje a “hacer compras” era en realidad un viaje a Sevilla para recoger a J.

Entre los seis (sí, ella incluida), habían estado hablando a escondidas, organizando todo para darme una alegría que ni sabía que necesitaba tanto… hasta que la vi entrar por la puerta.

Y ahí estaba.

Ella.

Una vez más, apareciendo sin prometer nada, pero cumpliéndolo todo.

No es solo lo que hizo. Es lo que significa.

J no solo me acompaña. Está dentro de este proceso.

Todo lo que escribo aquí, también lo hablo con ella. No de la misma manera, claro. A veces con más detalle, a veces desde otro ángulo, pero siempre con verdad.

Ella no solo lee, también escucha. Me pregunta. Me entiende.

Y eso… eso no lo había tenido antes.

Alguien que no se asusta cuando le hablas de tu dolor. Alguien que no se va cuando nombras lo que aún no has superado.

Alguien que, en lugar de exigirme estar bien, me dice: “Estoy contigo mientras llegas allí.”

¿Y cómo no voy a quererla?

Hoy me levantaré un poco más tarde, sí, pero con otro aire.

Haré ejercicio, correré un poco por la playa con los cascos puestos… y esta vez, no sonará la música de siempre.

Hoy suena otra banda sonora.

Una que no viene del pasado.

Una que nace de este presente raro pero bonito, imperfecto pero lleno de intención.

Hoy suena por ella.

Por J.

Por mí.

Por nosotros, aunque aún no sepamos del todo lo que eso significa.

Porque después de tanto dolor, tanto silencio, tanto esperar a quien no llegaba…

que alguien haga lo imposible por estar contigo sin pedir nada a cambio, vale más que mil promesas vacías.

Y quizás sí, lo más bonito aún está por venir.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario