A mí, que sigo aquí.
No sé cómo empezar esta carta sin que se me encoja un poco el alma.
Porque aunque haya escrito cientos de palabras en estos días, dirigirme a mí mismo sigue siendo el mayor acto de valor.
He pasado semanas, meses incluso, cargando con una mezcla de recuerdos, heridas, amor a destiempo y silencios acumulados.
Intenté soltar, pero no sabía cómo.
Intenté avanzar, pero el pasado pesaba más de lo que admitía.
Y sin embargo, hoy estoy aquí.
Después de ocho días enfrentando cara a cara lo que me costaba mirar.
Después de dormir poco, llorar a escondidas, soñar con lo que ya no está, resistirme a escribir cuando más lo necesitaba y volver a escribir justo cuando era más difícil.
Hoy quiero hablarte sin adornos:
Te admiro.
Te admiro por no rendirte.
Por correr por la orilla de una playa con la cabeza llena de nudos y aun así no detenerte.
Por escribir cuando te ardía por dentro.
Por hablar cuando el miedo decía que no.
Por sostenerte en noches de sueños crueles, de esos que reviven lo que duele con la precisión de una herida abierta.
Y, sobre todo, por seguir apostando por ti… incluso cuando no te creías suficiente.
Has dado pasos valientes.
Has admitido cosas que te costaba decirte en voz alta.
Has reconocido a quien te soltó y también has empezado a valorar a quien se queda.
Has descubierto que no hace falta estar completamente curado para merecer amor.
Y que hay personas que no te piden explicaciones: solo te abrazan como estás.
Hoy, desde casa, después del primer baño relajante, después de la vuelta, después del silencio… te escribo para que no se te olvide nunca esto:
No empezaste este camino para volver atrás.
Lo empezaste para no abandonarte más.
Te toca seguir.
Te toca elegirte cada día.
Te toca construir, pero sin prisa.
Sin exigencias.
Sin intentar estar bien todo el tiempo.
Solo con verdad.
Y si alguna vez vuelves a sentir que no puedes… vuelve a esta carta.
Léela.
Recuérdate.
Y sigue.
Porque aunque no lo creas siempre… te mereces la vida que estás empezando a permitirte.
Con todo lo vivido, con todo lo roto, con todo lo que viene, yo te abrazo.
Y no pienso soltarme.
Continuará…
Deja un comentario