Lo que pesa depende de ti
Hay cosas que un día lo fueron todo… y hoy apenas duelen.
Y no es porque hayan dejado de importar, sino porque entendí algo: el valor de las cosas no está en lo que son, sino en lo que yo decidí darles.
Durante mucho tiempo me aferré a lo que me hería, por costumbre, por amor, por miedo a soltar.
Le puse nombre a lo que no era, justifiqué vacíos, llené de excusas lo que solo pedía ser dejado en paz.
Y al final, el dolor no venía de lo que pasó,
sino de cuánto lo sostenía yo con mis propias manos.
La frase me golpeó como un susurro que ya conocía:
“Las cosas en sí no tienen importancia, sólo tienen la que yo les doy.”
Y fue ahí donde empecé a soltar.
No desde el olvido, sino desde la paz.
No desde el rechazo, sino desde el respeto hacia mí.
Porque entendí que hay batallas que no eran mías, promesas que solo vivieron en mi cabeza, y personas que nunca aprendieron a quedarse, por mucho que yo quisiera enseñarles cómo.
He aprendido que no puedo controlar lo que otros eligen sentir, ni cómo deciden tratarme.
Pero sí puedo decidir cuánto de eso se queda dentro de mí.
Cuánto permito que duela, que pese, que valga.
Hoy, cuando algo se rompe, no me aferro.
Lo miro. Lo siento. Y luego, lo suelto.
No porque no duela, sino porque ya no le doy el poder de romperme por dentro.
Hoy revalúo.
Recoloco.
Redefino.
Porque mi paz vale más que cualquier historia mal cerrada.
Porque no todo merece quedarse.
Y porque no todas las cosas pesan lo mismo… cuando empiezas a mirar con los ojos de quien ya no necesita aferrarse a lo que no le abraza.
Continuará…
Deja un comentario