A pesar de todo lo que he sufrido estos meses nada se compara a esto, lo que siento ahora mismo, lo que me duele…
Lobo
Hoy no te escribo con la voz… te escribo con el alma rota.
Porque decir adiós a quien ha sido mi compañero de vida durante trece años… no se parece a nada que haya sentido antes.
Lobo, no fuiste solo un perro.
Fuiste hogar cuando no encontraba dónde quedarme, fuiste calma en medio del ruido, fuiste abrazo cuando nadie más estaba.
Fuiste lealtad pura, mirada noble, presencia constante.
Te he visto crecer, correr, ladrar de alegría, te he visto esperarme sin falta, sin juicio, sin condiciones.
Y ahora te veo cansado… tan cansado que hasta tu cuerpo, ese que tanto te sostuvo, ya no puede seguir.
Y aún así, te seguirías quedando, lo sé, por mí, por amor, por ese vínculo que nunca te pidió explicaciones, pero no quiero más dolor para ti.
Y eso me desgarra, Lobo… porque tener que tomar esta decisión por ti es el acto más duro que me ha tocado vivir, también el más humano, el más compasivo… el más fiel a todo lo que tú me enseñaste.
Mañana a las 9:45 el mundo se va a volver más silencioso.
No escucharé tus patas sobre el suelo, ni tu respiración cerca, ni ese lenguaje que solo tú y yo entendíamos sin palabras, pero no te vas del todo, mi amigo… te quedas en cada paso que dé después de ti.
Gracias, Lobo.
Por cada instante. Por cada mirada. Por cada vez que me salvaste sin que nadie se diera cuenta.
Vuela alto, hermano.
Corre libre, ahora que ya no te duele y si existe un lugar más allá del dolor… sé que allí estarás, esperándome.
Aquí abajo, siempre vas a ser parte de mí.
Descansa, amor mío.
Gracias por tanto.
Por desgracia, esto no continuará…

Deja un comentario