Serie: Donde se cruzan
Hay una parte de mí que te busca con ansias.
Que imagina futuros contigo, que fantasea con abrazos que duran más que un instante.
Que se ilusiona con lo cotidiano, con las cosas simples que solo tienen sentido si las compartimos.
Esa parte que te desea no solo en la piel, sino en los planes, en los silencios, en los días grises.
Pero justo al lado, como una sombra que nunca termina de irse, vive el miedo.
Miedo a que esto también se rompa.
A que no sepas quedarte cuando todo se vuelva menos fácil.
A que no seas tú… o que sí lo seas y yo no esté listo.
Porque he deseado antes, y me ha dolido.
He creído que el amor era suficiente, y aprendí que a veces no basta.
He entregado todo sin medida… y me he perdido en el intento.
Y ahora, cuando por fin algo dentro de mí quiere volver a confiar, el miedo me susurra que no olvide las cicatrices.
Es una batalla interna constante.
El deseo de saltar, de entregarme sin reservas.
Y el miedo de caer en el mismo vacío que ya conozco.
Pero hay algo distinto esta vez… y es que no estás empujando, ni presionando.
Estás aquí, al ritmo que yo puedo, acompañando.
Y eso hace que el deseo se sienta menos impulsivo y más real.
Y que el miedo, aunque no desaparezca, ya no tenga tanto poder.
Quizá eso sea el amor sano: seguir deseando, incluso con miedo.
Caminar hacia alguien no porque no te asuste… sino porque sabes que, si se queda, el vértigo valdrá la pena.
Epígrafe
El deseo empuja.
El miedo frena.
Y entre ambos, solo el amor verdadero tiene el poder de hacer que sigas caminando.
Continuará…
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