824. Confianza y vértigo

By

Serie: Donde se cruzan

Hay pasos que no asustan por el lugar al que llevan, sino por lo que dejas atrás al darlos.

Y a veces… confiar también es eso: una caída libre con los ojos cerrados. Porque cuando vienes de una historia donde el amor dolió más de lo que sanó, lo que debería ser cálido se siente incierto. Y lo que debería ser sencillo, te exige respirar hondo antes de avanzar.

He aprendido que confiar no es soltarlo todo de golpe, sino permitirte soltar aunque sea un poco. Es dejar que alguien te vea sin protegerte tanto. Es dejar de revisar cada gesto, cada palabra, cada silencio, por miedo a que se repita el daño.

Confiar, en mi caso, no es automático. Es un acto de fe. De los más difíciles que he hecho.

Porque me cuesta creer que alguien se quede cuando le enseñas lo que nadie ve. Me cuesta aceptar que no todos los abrazos esconden despedidas ni que todos los “te cuido” acaban olvidándose.

Pero estoy aprendiendo. Porque también he descubierto que confiar no significa no tener miedo, sino no dejar que el miedo te paralice. Que puedes temblar y avanzar al mismo tiempo. Que puedes abrir el corazón con cuidado, sin tener que blindarlo del todo.

Y sí… hay vértigo. Cada vez que alguien se acerca de verdad. Cada vez que intuyo que podría ser distinto. Cada vez que noto que alguien no huye cuando le muestro mis heridas. Pero también hay algo más fuerte que el vértigo: las ganas de creer. De dejar de vivir con un pie dentro y otro fuera. De construir algo donde no tenga que protegerme de quien amo.

Quizá ese sea el verdadero coraje: no dejar de temblar, sino seguir acercándote mientras lo haces.

Porque al final, donde se cruzan la confianza y el vértigo, puede nacer el primer latido de una historia que no duela.


Epígrafe

A veces, confiar no es saltar sin miedo… es saltar a pesar de él.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario