826. Te amaré, incluso cuando me vaya

By

He decidido que me voy. Me alejo físicamente. He decidido pedir el traslado, porque ya no me alcanza con fingir que puedo verte cada día sin que me tiemble por dentro todo lo que alguna vez soñamos, porque no me merezco seguir siendo testigo de tu vida… desde el margen. Necesitaba escribir esto porque no sé cuánto tardarán en concedérmelo pero con esta carta me iré preparando para el momento de la despedida.

No todas las despedidas se gritan. Algunas se escriben en silencio.

Otras se sienten sin palabras… pero duelen igual.

Siempre te amaré.

Y no, no lo digo como un consuelo vacío, ni como quien se aferra a una ilusión, sino como quien acepta que hay amores que, aunque no se queden, jamás se terminan del todo.

Te amaré… hasta que esa palabra deje de tener sentido.

Hasta que decir “te amo” ya no me suene a herida abierta ni a promesa rota.

Hasta que el eco de tu nombre deje de sonar en mis madrugadas y tus ojos dejen de ser el recuerdo más bonito y más triste que tengo.

Durante mucho tiempo creí que si me esforzaba más, si te cuidaba más, si amaba más… todo sería suficiente, pero el amor no funciona así. No basta con darlo todo si el otro no está dispuesto a recibirlo.

Sostuve una historia con las manos sangrando, con el alma en carne viva, con la fe temblando… y aún así, no fue suficiente.

Lo intenté.

Dios sabe que lo hice.

Y no me arrepiento de haber amado como lo hice.

Esta carta es para mi, no es para convencerte, ni para hacerte entender lo que yo solo sé.

Esta carta es para mí. Para cerrar. Para cerrar de verdad, porque me voy.

No solo del lugar. Me voy de la espera. Me voy de los “quizás” y de los “aún no”. Me voy del “a lo mejor un día”, del “si las cosas fueran distintas”… Me voy incluso de ese rincón en el que solías vivir dentro de mí.

Te dejo libre. Me dejo libre.

Aún así… te seguiré amando. No porque no haya aprendido a soltar, sino porque el amor real no necesita presencia para sobrevivir, pero no volveré.

No insistiré más.

No lucharé donde ya no hay guerra.

No hablaré con las paredes ni con los silencios.

Elegí amarte, sí, con todo, ahora elijo también decir adiós.

No sé si leerás esto algún día.

No sé si te importará.

Tal vez pienses que exagero o tal vez ni te detengas, pero si alguna vez te duele el pecho sin saber por qué… quizás sea mi despedida haciéndose hueco dentro de ti.

Yo me voy. No con rencor. No con odio, sólo con dolor. De ese que no grita, pero pesa.

Gracias por lo que fuiste y por lo que no supimos ser, por haberme enseñado que, a veces, el amor más grande también sabe marcharse.

Te amaré, incluso cuando me vaya, porque hay amores que no mueren… sólo aprenden a vivir en silencio.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario