828. Lo que hoy parece normal, un día será magia

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A veces se me olvida que la vida no es solo metas por alcanzar, tareas que no dejan de acumularse o días que deberían salir perfectos para sentir que algo vale la pena.

A veces me pierdo en todo lo que me falta… y olvido que, en lo pequeño, en lo que ya tengo, hay cosas que un día voy a extrañar.

La vida también es esto: es pausa.

Es un café que me preparo con calma mientras afuera aún no ha despertado el mundo.

Es escuchar su risa o la de mis amigos, aunque no diga nada.

Es verla dormir abrazada a una almohada después de un día largo, con esa expresión de paz que parece decirme “estoy bien”.

Es el silencio compartido. La música de fondo.

La forma en que un paseo sin rumbo acaba dándome justo lo que necesitaba.

Es también ese rato en el que jugaba con Lobo sin pensar en nada más, cuando no importaba el reloj, ni los problemas, ni el dolor. Solo él, mirándome como si yo fuera su mundo.

Porque hay momentos que no necesitan explicación. Solo se sienten.

Y aunque ahora me duela reconocerlo, sé que llegará el día en que recordaré estos instantes simples como lo más valioso que tuve.

Vamos tan rápido, tan empeñados en llegar a no sé dónde, que no nos damos cuenta de que ya estamos. Que estamos aquí. Que hay cosas que duelen, sí, pero también hay otras que sanan. Que mientras camino hacia adelante, aún hay manos que me sostienen, abrazos que llegan sin pedirse, caricias que no olvidan.

Y por eso, agradezco.

Por lo que aún tengo.

Por lo que he logrado sostener incluso en medio del caos.

Por todo lo que no conté y sin embargo, superé.

Por la forma en que, a pesar de todo, sigo creyendo que hay belleza en el mundo. Que hay personas buenas. Que hay días nuevos.

Vivir no es correr.

Vivir, para mí, ahora, es sentir.

Es entender que no siempre se trata de avanzar a toda costa, sino de detenerse y mirar lo que hay. Lo que aún late.

Porque sentirlo todo, incluso cuando duele, también es una forma de sanar.

Continuará…

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