Hay días que no piden euforia, ni decisiones trascendentales.
Días que no traen respuestas, pero que tampoco exigen preguntas.
Días que no ofrecen alivio, pero al menos no duelen más.
A veces, simplemente… se sobrevive.
Y no está mal.
No siempre hay que brillar, ni sentirse fuerte, ni tenerlo todo claro.
No todos los días se construyen para avanzar. Algunos, simplemente, se diseñan para resistir.
Hay algo de dignidad en eso también.
En no rendirse aunque el cuerpo pese.
En levantarse sin ganas pero sin dejarse ir del todo.
En cumplir con uno mismo aunque todo dentro grite que no vale la pena.
Hoy no hay grandes palabras.
Ni frases redondas.
Ni lecciones.
Solo este pequeño acto de no desaparecer del todo.
De escribir.
De no fallarme.
De no dejar que el silencio me gane.
Quizá eso ya sea suficiente.
Continuará…
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