840. El momento en que todo empezó a romperse (sin que yo lo supiera)

By

Segunda entrada de la serie: “Descubrí lo que me pasaba… justo cuando ya era tarde”

Hay rupturas que no se dan en un grito, ni en una pelea, ni siquiera en una despedida. Hay rupturas que nacen en el silencio, en una mirada que ya no busca, en un gesto que antes era natural y ahora se evita. Y duele más cuando, desde tu lugar, aún no eres capaz de verlo.

Yo no sabría señalar un día, ni una hora exacta. No hubo una discusión concreta ni un adiós evidente. Simplemente empecé a notar que algo era distinto… y no supe interpretar qué. Fue una sensación difusa, como si el vínculo que nos unía ya no estuviera hecho del mismo material. Pero no lo entendí. No supe verlo porque no sabía verme a mí mismo.

Llevaba apenas dos sesiones de terapia, acababa de descubrir lo que significaba tener alexitimia y estaba empezando a juntar las piezas de un puzzle que nunca nadie me enseñó a montar. Para mí, evitar el conflicto era una forma de protegerme. Para ella, era sentir que la ignoraba. Y en ese desencuentro silencioso fue donde, poco a poco, empezó a resquebrajarse todo.

Lo más duro es que, cuando abrí los ojos… ya era tarde.

Porque mientras yo trataba de entender qué me pasaba por dentro, ella ya había tomado una decisión. Porque cuando el amor empieza a doler más de lo que aporta, incluso la persona que más te ha querido comienza a alejarse. Y yo lo vi. La vi marcharse desde dentro de su cuerpo, sin que aún diera el paso de irse físicamente. Fue como presenciar el final de una película sin haber entendido el argumento.

A veces me pregunto qué habría pasado si hubiera sabido antes lo que ahora sé. Si le hubiera podido explicar que no era frialdad, que no era falta de amor, que no era indiferencia… que era miedo. Que era incapacidad emocional. Que era una herida vieja que me hizo construir un refugio tan duro por fuera que ni siquiera quien más me amó pudo entrar del todo.

Pero no lo supe, y ella tampoco lo supo ver. Y quizá ahí está el drama: que no fue desamor, fue desinformación emocional. Dos personas que se amaban pero no sabían cómo traducirse.

Ahora lo entiendo. Ahora sé que hubo momentos en los que, sin quererlo, la hice sentir invisible. Que cuando ella necesitaba respuestas, yo solo podía ofrecerle evasivas. Que cuando ella buscaba cerrar heridas, yo sólo sabía pasar página. No por crueldad, no por falta de amor… sino por torpeza emocional.

Y aunque hoy siga doliendo, sé que ese fue el principio del final. No porque no la amara, sino porque aún no sabía cómo demostrarlo sin hacer daño. Porque estaba aprendiendo a querer cuando ya era demasiado tarde para salvar lo que más quería.


Epígrafe

“No todo lo que se rompe lo hace con un ruido. A veces, lo más importante se quiebra en silencio… justo cuando apenas estás aprendiendo a escuchar.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario