843. Un minuto fuera de realidad

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Hoy mi mente grita “S” y “problemas” en bucle. Así que voy a robar un minuto… sólo uno, nada más, para que el chip dé un giro y respire distinto.

Cierra los ojos un segundo y ponte aquí conmigo:

Te despiertas en una ciudad que no existe en ningún mapa.

Calles de adoquines dorados, farolas que brillan como luciérnagas estáticas, y el aire huele a pan recién hecho y a lluvia de verano.

Al fondo, el silencio de un templo antiguo. Un gato atigrado te cruza el camino, te maúlla y desaparece entre columnas de mármol.

Sigues andando. Llega el alba con un matiz violeta.

Encuentras un pequeño café en una esquina: ni nombre tiene, pero la puerta está enmarcada por enredaderas que regalan frutos rojos.

Entras, y en la barra un barista sonríe sin palabras. Te ofrece una taza de té dorado que calma hasta el pensamiento más furioso.

Das un sorbo. El sabor es inesperado: mezcla de miel, de cítricos, de sal marina.

Y entonces notas algo curioso: el nudo en el pecho afloja. El insomnio se calla… al menos por un minuto.

Te levantas, sigues el callejón. El gato reaparece y te invita a seguirlo.

Y tú lo sigues sin pensarlo, dejando atrás relojes, correos y recuerdos que pesan.

Ese minuto imaginal… puede ser tu salvavidas hoy.

Una mota de color en la pantalla gris.

Cuando quieras, vuelves a la realidad. Pero guarda este callejón en tu memoria: sabrás que existe cada vez que necesites olvidar, aunque sea un instante.


Epígrafe:

A veces, un solo minuto fuera de todo… ya es suficiente para respirar.

Continuará…

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