Quinta entrada de la serie: “Descubrí lo que me pasaba… justo cuando ya era tarde”
“Algunas verdades llegan cuando ya no hay nadie esperando una explicación.”
A veces pienso que no necesitábamos más amor. Lo teníamos.
Tampoco creo que nos faltara entrega, ni momentos, ni ilusión.
Lo que nos faltó fue comprensión.
Comprensión real, profunda, de esas que no se quedan en un “te entiendo” por encima, sino en un “ahora sé por qué haces lo que haces… y no es contra mí”.
Me remueve pensar que, si hubiera entendido lo que me pasaba antes, tú no habrías tenido que irte.
Que si en vez de desconectarme tras cada conflicto hubiera aprendido a quedarme, a escucharte, a validar lo que sentías…
Quizá hoy no estaríamos rehaciendo nuestras vidas desde dos orillas distintas.
Y es extraño, porque éramos felices. O al menos, dentro de lo que sabíamos ser, lo éramos.
Nos cuidábamos. Nos elegíamos. Y aun así, se rompió.
Ahora entiendo cosas que en ese momento no supe ni explicar.
Ahora sé lo que era la alexitimia, sé por qué me costaba tanto afrontar una conversación incómoda, sé por qué me bloqueaba y reaccionaba como si nada hubiera pasado.
Y lo más duro es que tú también lo sabes… pero tarde.
Sé que este aprendizaje es valioso, que forma parte de mi crecimiento, que ya nada de esto lo repetiré igual.
Pero duele. Duele saber que lo que más he querido en la vida fue también el detonante de mi mayor lección… y mi mayor pérdida.
No sé si habríamos durado toda una vida.
Pero sé que, de haber entendido antes lo que me ocurría, habríamos durado más.
O al menos, no habrías tenido que aprender a olvidarme como lo hiciste.
Yo sigo aprendiendo a recordar sin que duela tanto.
Continuará…
Deja un comentario