845. ¿Cómo se pide perdón cuando ya no hay nadie escuchando?

By

“Me habría bastado una oportunidad más… no para repetir lo de antes, sino para demostrar todo lo que aprendí después.”

Hay preguntas que se clavan como agujas en los pensamientos.

¿Cómo se pide perdón cuando la persona a la que se lo debes ya no está?

¿Cómo se enmienda el daño cuando el tiempo ha seguido su curso y los caminos se bifurcaron para no cruzarse más?

Lo que viví contigo fue real, lo sigue siendo.

Y lo que rompí por dentro, también.

No por no quererlo.

Sino por no saber cómo sostener algo tan grande con unas herramientas tan pequeñas.

Por no entender entonces que callar no era protegernos, sino silenciarte a ti.

Por no ver que lo que yo consideraba calma era, para ti, indiferencia.

Por no saber nombrar el miedo, el dolor, el desconcierto.

Quisiera que supieras que todo lo que estoy trabajando ahora es, en parte, gracias a ti.

Gracias al espejo que me colocaste frente al alma, aunque me doliera.

Gracias al empujón que me diste hacia la terapia, aunque lo hicieras sin querer.

Gracias al amor que me diste… y que quizá no supe corresponder como merecías.

A veces fantaseo con encontrarte en otro momento de la vida, uno en el que ya no me esconda de los conflictos, en el que ya no desconecte cuando algo me supera, uno donde pueda decir lo que siento sin atragantarme con las palabras.

No para volver necesariamente… sino para que veas quién soy ahora.

Para que entiendas que sí, que tu dolor sirvió para algo.

Que tu herida no fue en vano.

Que al menos… tu paso por mi vida me despertó.

Y aunque no lo escuches, y aunque no estés…

Lo digo:

Perdón.

De corazón.

Por lo que no supe ver, por lo que no supe cuidar, por lo que no pude sostener.

Porque si hay algo que me pesa, es que tuve lo más bonito… y lo dejé escapar sin saber siquiera que lo estaba perdiendo.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario