847. Instantes que hablan solos

By

“No te imaginas la falta que me haces y todo lo que callo para no incomodar.”

Podría decírtelo, pero no lo hago, gritar tu nombre en cada uno de mis silencios, en cada espacio donde no estás, pero guardo silencio.

No porque no lo sienta, sino porque me cansé de sentir que molesta. Que duele más al otro que a mí. Que incomoda.

La verdad es que me haces falta y no a ratos. No de vez en cuando. Me haces falta constantemente, de una forma que ni yo sé poner en palabras.

Te echo de menos en los días difíciles, cuando el mundo pesa demasiado, pero también te echo de menos en los buenos, porque incluso en la alegría hay un hueco que era tuyo.

He aprendido a callarme muchas cosas, a tragarme las ganas de escribirte, de buscarte, de aparecer.

He aprendido a sonreír en las fotos, a hacer como si nada, a vivir como si no faltaras y eso, aunque no lo parezca, es una batalla que duele más que cualquier herida abierta.

No sabes la de veces que me he repetido “no lo hagas, no la incomodes, no la remuevas su vida” y, entonces me escondo detrás de ese miedo, detrás de esa dignidad que me recuerda que no todo lo que se extraña se recupera, pero hoy, solo por hoy… me lo permito.

Me permito decir que me haces falta, que tu ausencia es una presencia constante, que aún hay recuerdos tuyos que no sé dónde guardar, porque ocupan demasiado dentro de mí.

No espero respuesta, ni un regreso, ni una explicación, sólo necesitaba vaciar un poco de todo esto que me llena y me pesa, porque el amor callado también duele y, porque a veces… hasta el silencio necesita un respiro.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario