848. Crónica de lo que callo cada día

By

“A quien creyó que ya no importaba… pero todavía pesa.

I. Lo que no dije

No fue por cobardía. Fue por no saber cómo.

Por no encontrar las palabras exactas para explicarte el nudo que siempre vivía en mi garganta, el que se apretaba justo cuando más necesitabas entenderme.

Nunca fue desinterés, aunque lo pareciera.

Era más bien ese miedo a que, si lo decía, sonara menos verdadero.

O tal vez que, si lo decía, ya no volviera a tener el mismo peso.

Me guardé tanto que terminé creyendo que el silencio dolía menos.

Pero no es cierto.

El silencio pesa. Y grita. Y duele.

Y aunque no haya sonido, dentro retumba.

Y dentro me parte.

Fui experto en callar lo que me rompía por dentro, en fingir normalidad mientras por dentro suplicaba que alguien notara mi batalla.

Y tú… tú lo notaste. Pero te cansaste de luchar contra mi muro.

Y lo entiendo.

Porque ni yo sabía cómo saltarlo.

II. Lo que me rompió

Me rompió darme cuenta tarde.

Saber que justo cuando empezaba a entender lo que me pasaba, tú ya habías decidido irte.

Me rompió mirar a los lados y no encontrarte.

Ver cómo tu vida seguía mientras la mía se deshacía por dentro.

Me rompió saber que estabas cansada de ser la única que ponía luz, mientras yo vivía a oscuras sin darme cuenta.

Me rompió ver cómo tú lo dabas todo y yo solo devolvía lo que creía que bastaba.

No por falta de amor, sino por falta de herramientas.

Y cuando por fin las encontré, cuando supe ponerle nombre al dolor, cuando supe que había algo en mí que podía sanar…

Tú ya no estabas.

Y ese abandono, por mucho que lo entienda, no deja de doler.

Porque mientras tú empezabas a curarte lejos de mí, yo empezaba a despertar en medio de un incendio.

Y desde entonces, no he dejado de caminar entre cenizas.

III. Lo que todavía queda

Queda tu nombre guardado en el sitio más íntimo de mi memoria.

Queda el reflejo de tus gestos en momentos que nadie más ve.

Queda la forma en que aprendí a amar después de ti.

Queda la pregunta de si esto habría sido diferente si yo hubiese sabido todo antes.

Queda el eco de lo que no resolvimos.

Queda la culpa por lo que no fui capaz de darte.

Y también queda el amor.

No como una promesa, ni como un anhelo.

Sino como una verdad que me acompaña incluso cuando no quiero.

He aprendido mucho desde que no estás.

Pero también he llorado más que nunca.

Y aunque la vida siga, aunque se abran nuevos caminos, aunque mi historia esté cambiando… hay una parte de mí que sigue escribiéndote en cada silencio.

No por no haber superado, sino por haber amado de verdad.

Porque no todo lo que se supera se olvida.

Y no todo lo que se deja atrás se apaga.

A veces, simplemente se guarda.

Se convierte en parte de uno.

Como una cicatriz que ya no sangra, pero aún duele si tocas fuerte.


Epígrafe:

“Si alguna vez piensas que ya no importas, recuerda que hay silencios que te siguen nombrando.

Y que hay quienes no te olvidan, solo aprendieron a quererte en voz baja.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario