Epígrafe:
“A veces el último hilo no es el que te ata a alguien, sino el que te impide volver a ti.”
A veces no hace falta un nudo para seguir atado. Basta con un pensamiento, una fecha, una canción que suena cuando no debe. A veces es un recuerdo, o simplemente esa idea absurda que regresa como una punzada: “¿Y si todavía…?”.
No escribo desde el rencor ni desde la rabia. No quedan reproches que no hayan ardido ya. Escribo desde ese rincón que aún la guarda, aunque ya no la busque. Desde esa parte de mí que no sabe soltar del todo, aunque le duela sostener.
Siempre creí que lo difícil era perderte. Pero no. Lo difícil ha sido entender que no volverás. Que no hay un mensaje en espera, una explicación pendiente o un gesto silencioso que lo arregle todo. Que esto —lo que fuimos— ya no existe, y que lo que queda… soy yo, mirando una cuerda invisible que aún no he soltado por completo.
Ese hilo ha sido consuelo y castigo. Refugio y prisión. Porque en él estaban guardadas mis últimas esperanzas, pero también mis heridas abiertas.
No lo mantuve atado por egoísmo, sino por amor. Porque creía que mientras existiera, mientras no lo dejara caer, habría una parte de nosotros resistiendo. Aunque fuera yo solo. Aunque tú ya estuvieras lejos.
Soltar no es fácil cuando tu mundo entero colgó alguna vez de esas manos. Soltar no es rendirse, es rendirle honor a lo que ya no puede ser. Es abrazar el vacío para dejar espacio a lo que sí puede llegar.
Y sí, me da vértigo pensar que al soltarlo no quede nada. Que todo lo que sostuve con tanto cuidado se evapore como si nunca hubiera existido. Pero no quiero seguir sosteniendo un recuerdo que me impide avanzar.
Porque me estoy cansando de mirar hacia atrás buscando señales donde ya no hay caminos. De escribirte en silencio mientras tú hablas otro idioma que yo ya no entiendo.
Y sobre todo, me estoy cansando de no volver a mí, por miedo a soltarte a ti.
Así que sí, si algún día me atrevo —de verdad—, no será porque te olvide.
Será porque entienda que merezco paz.
Y que el último hilo que me une a ti… ya no me lleva a ningún lado.
Epílogo de la serie “Si algún día me atrevo”
No todas las guerras emocionales estallan con ruido. Algunas se libran en voz baja, mientras la vida sigue como si nada, aunque por dentro estés cayendo. Esta serie nació de ahí: del murmullo interno de lo que nunca dije, de los gestos que reprimí, de los silencios que grité cuando nadie escuchaba.
“Si algún día me atrevo” no ha sido una promesa, sino un proceso. Uno en el que poco a poco me fui asomando a mis propias heridas, sin adornos ni excusas.
Me atreví a recordar sin justificar. A sentir sin miedo al juicio. A nombrarte sin suavizar el golpe.
Y aunque aún haya días en los que todo duela, he comprendido que no quiero quedarme a vivir en lo que no fue.
Porque si algún día me atrevo a todo, será por mí.
Y ese día, por fin, dejarás de dolerme… aunque no de importarme.
Continuará…
Deja un comentario