852. Paz y Vacío

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Serie: Donde se cruzan

Hay momentos en los que por fin llega la calma.

Ya no hay discusiones, ni reproches, ni silencios que cortan.

No hay dudas. No hay respuestas por forzar.

Y sin embargo… algo dentro sigue doliendo.

Dicen que la paz llega cuando aceptas lo que ya no puede ser.

Y es cierto.

Pero también hay un tipo de paz que no abraza: la que llega cuando dejas de luchar por alguien y, con ello, pierdes algo de ti.

Porque a veces no es el amor lo que se va, es la necesidad de seguir intentándolo.

Y eso también libera.

Pero no siempre reconforta.

He alcanzado cierta paz, sí.

Duermo más. Pienso menos.

Dejo de escribir mensajes que no voy a enviar.

Me obligo a no mirar si está en línea.

Y hasta sonrío más, cuando nadie mira.

Pero también siento el eco.

Ese eco que deja una ausencia cuando ya no gritas hacia ella.

Ese vacío que no viene del amor perdido, sino de todo lo que ya no esperas.

El vacío no es un monstruo ruidoso.

Es un susurro constante que pregunta si de verdad estás bien, o solo estás en pausa.

Paz y vacío.

Dos sentimientos que no deberían tocarse, pero que a veces duermen en la misma cama.

Y me pregunto:

¿Es esto lo que llaman sanar?

¿O solo me estoy acostumbrando a vivir con menos ruido y más soledad?

Tal vez no se trata de elegir entre paz o vacío.

Tal vez se trata de aprender a convivir con ambos hasta que uno de los dos decida marcharse.


Epígrafe

“Hay una paz que se siente como alivio… y otra que pesa como renuncia.”

Continuará…

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