Tengo tantas cosas que quiero decirte… pero no sé cómo.
No sé si debería, no sé si te haría bien.
Y, para ser sincero, tampoco sé si me haría bien a mí.
Y de tanto pensarte, de tanto extrañarte, me encuentro aquí otra vez… escribiendo estas palabras, grabando este instante en el tiempo, dejando trozos de lo que siento en un lugar donde quizás nunca llegues… pero lo hago por si acaso.
Por si alguna vez lo ves.
Por si alguna vez lo lees.
Por si alguna parte de ti, en algún momento, todavía me escucha.
Porque sigo aquí.
Y, aunque me duela admitirlo…. aquí seguiré.
Y mientras tanto me pregunto:
¿Cómo se dice todo esto sin decirlo directamente?
¿Cómo te confieso que te extraño, sin que suene a súplica?
¿Cómo te cuento que sí, que yo quería quedarme en tu vida, sin que parezca que te estoy pidiendo que vuelvas?
Porque no se trata de eso.
No se trata de volver a lo que dolió.
Se trata de honrar lo que sentí, de darle su lugar a este amor que, aunque tú te fuiste, aún no se ha ido de mí.
Claro que podría escribirte.
Podría buscarte, llamarte, romper el silencio.
Pero no quiero interrumpirte.
No quiero aparecer si no soy bienvenido.
Aunque es extraño esto de extrañar en silencio… de tener tanto para decir y quedarme callado.
Respetando tu distancia.
O tal vez, protegiendo mi dignidad.
Así que prefiero quedarme aquí, escribiéndote sin nombre, pensándote sin ruido, jugando a este juego triste de sentir sin molestar.
Y te lo dejo así, por si alguna vez lo encuentras, por si alguna parte de ti todavía siente.
Te lo dejo flotando en este rincón del mundo, con la esperanza, quizá ingenua… o mágica, de que alguna parte de ti lo reciba.
Lo guarde.
Lo entienda.
Aunque ahora mismo no lo sepas.
Epígrafe:
“A veces, lo único que puedo hacer… es escribirte sin enviarlo, pensarte sin buscarte, y quererte… en silencio.”
Continuará…
Deja un comentario