866. El hombre que dejaste ir

By

Ya no te escribe como antes.

No porque hayas dejado de importarle, sino porque entendió que hablarle a quien ya no escucha también cansa.

Te quiso de verdad. Te cuidó. Te pensó en cada gesto, incluso en los que nunca viste.

Y tú… tú fuiste soltando su mano poco a poco.

Pero él se quedó. Aun cuando empezabas a mirar hacia otro lado, él seguía ahí. Esperando que volvieras a sostenerle los dedos. Aunque fuera solo un segundo más.

No era perfecto.

Lo sabéis los dos.

Pero tampoco fingió serlo.

Era solo un hombre aprendiendo sobre la marcha.

Uno que cargaba con heridas que no sabía poner en palabras.

Uno que vivía atrapado en algo que ni él mismo conocía entonces.

No sabía cómo explicarte que su silencio no era falta de amor, sino exceso de miedo.

Miedo a agobiarte. A fallarte. A no estar a la altura de lo que merecías.

Callaba para no preocuparte.

Se tragaba sus tormentas creyendo que eso era cuidar.

Pensó que amar también era protegerte de su tristeza… sin darse cuenta de que te estaba alejando.

Y tú… tú no lo viste.

O no quisiste ver.

Y empezaste a sentirte fuera de su vida cuando él, en realidad, solo necesitaba que entraras sin pedir permiso.

Que le dijeras: “estoy”, incluso cuando él no supiera cómo pedirte que te quedaras.

La distancia mal entendida rompió algo que pudo haber sido tan bonito…

Y ahora ya no lo tienes.

No porque se haya cansado de amar.

Sino porque se cansó de quedarse solo mientras tú aún estabas.

Aprendió que quien ama no empuja para luego culpar por haberse ido.

Aprendió que mendigar cariño no es amor.

Que quedarse esperando a quien ya no quiere estar… es dejarse a uno mismo en último lugar.

No lo perdiste por algo imperdonable.

Lo perdiste por no quedarte cuando más te necesitaba.

Por no mirar más allá del muro.

Por no entender que a veces, el amor también necesita ser traducido… y él estaba aprendiendo ese idioma contigo.

Y sí, lanza indirectas. Pero él ya no responde como antes.

No por rencor.

Sino por respeto.

Porque por fin ha encontrado un lugar donde puede amar sin esconderse.

Donde no tiene que mendigar presencia ni fingir estar bien para no incomodar.

Ese hombre…

El que te amó sin condiciones, aún recuerda.

Pero ya no espera.

Ya no vuelve.

Porque fue, irónicamente, el que más te amó… y también el que dejaste ir.


Este texto lo escribí a finales de febrero.

Hoy lo comparto porque, aunque han pasado meses, hay cosas que siguen doliendo igual… y otras que ya no.

Porque recordar quién fui me ayuda a entender quién soy ahora.

Y porque, a veces, el cierre de una herida también empieza por contarla.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario