No siempre extrañamos a quien se fue.
A veces, lo que duele en el pecho no es la ausencia de la persona real, sino de la imagen que creamos de ella.
Una versión idealizada.
Esa que solo existió en nuestra cabeza, alimentada por pequeños gestos, promesas implícitas, silencios que interpretamos como ternura, o detalles que decidimos convertir en amor.
Y ahí empieza el verdadero conflicto interno:
Cuando te das cuenta de que no echas de menos a quien era, sino a quien tú creías que era.
No duele la pérdida de la realidad.
Duele la ruptura con la ilusión.
Porque idealizar no es solo imaginar un futuro con alguien, es dibujar con precisión quirúrgica cada rasgo emocional que la otra persona no tiene… pero que tú necesitas tanto que decides proyectarlos sobre ella.
Es convertir la falta de compromiso en miedo.
Es transformar el egoísmo en heridas mal cerradas.
Es justificar la frialdad con que “no sabe expresarse”.
Es perdonar mil veces porque en el fondo sigues esperando que esa versión idealizada aparezca de verdad algún día.
Pero no lo hace.
Porque nunca estuvo.
Y entonces el duelo se vuelve confuso:
¿Cómo se supera una pérdida que no fue real?
¿Cómo se deja de sentir nostalgia por algo que no existió?
La respuesta es dura, pero necesaria:
Reconociendo que extrañar algo inventado es parte del proceso.
Y que sanar no solo implica dejar ir a la persona, sino también desmantelar esa fantasía.
Aceptar que no fue amor, sino la esperanza de un amor.
Aceptar que no era complicidad, sino ganas de que lo fuera.
Aceptar que te quedaste por lo que creíste ver… no por lo que te dieron.
No hay error más humano que amar desde la ilusión.
No hay despedida más difícil que soltar una mentira bonita que tú mismo te contaste para no romperte antes de tiempo.
Pero cuando lo haces, cuando por fin dejas de buscar esa versión de alguien que nunca existió, todo empieza a doler diferente.
Menos.
Más claro.
Más real.
Y entonces, poco a poco, te das cuenta de que no echas de menos a la persona.
Echas de menos la idea.
Y las ideas, aunque duelan, también se superan.
Epígrafe:
“A veces no es la persona lo que te duele perder, es la historia que imaginaste junto a ella lo que cuesta soltar.”
Continuará…
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