871. Lo que sólo ocurrió dentro de mí

By

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.

La escuché por casualidad, pero fue como si alguien me hubiera leído por dentro y pusiera nombre a una de las heridas que más duelen: la de haber amado a alguien que quizás nunca estuvo realmente en la historia que uno imaginó.

Porque cuando pienso en S, me cuesta distinguir lo que fue de lo que soñé.

Lo que vivimos… de lo que yo esperaba que llegara.

A veces me descubro echando de menos un nosotros que, en el fondo, puede que nunca existiera del todo.

Puede que yo construyera la mayoría de las escenas.

Puede que ella solo interpretara su papel cuando le convenía.

Y puede que yo, por amor —o por miedo—, justificara sus malas formas con errores míos, y su frialdad con excusas.

Quizás, la verdad más cruda sea esa:

Que lo que más extraño no es a S, sino todo lo que imaginé que podríamos haber sido.

Añoro gestos que nunca tuvo, conversaciones que nunca se dieron, cuidados que habría dado sin medida… pero que nunca se dieron.

Y me doy cuenta de que hay un tipo de nostalgia que te atrapa más fuerte que cualquier recuerdo: la que nace de todo lo que jamás ocurrió.

No se puede cerrar una herida que nunca sangró hacia afuera.

No se puede olvidar un futuro que nunca existió, pero que uno amó en silencio.

Y no se puede reprochar a alguien no haberte amado como esperabas… si nunca estuvo dispuesto a hacerlo.

Lo único que se puede hacer es aceptar que lo que dolió no fue el final, sino el vacío que ya existía mientras yo creía que vivía algo lleno.

Y que eso, aunque duela, no me convierte en menos… sino en alguien que lo dio todo en una historia que solo vivió a medias.

Porque si alguna vez estuve solo, fue incluso cuando ella aún estaba ahí.


Epígrafe:

“A veces lo que más cuesta soltar no es a la persona, sino la historia que inventamos para sobrevivir a su ausencia emocional.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario