883. Me tiembla el alma (aunque ya no estés)

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“Te solté de la mano, pero aún me tiembla el alma cuando pienso en ti.”


Soltar no siempre significa haber olvidado. A veces significa haber aceptado que no podías quedarte donde no te cuidaban, aunque parte de ti siguiera aferrada a lo que un día soñó.

Yo te solté. No porque ya no sintiera, sino porque seguir ahí me estaba rompiendo. Porque te ibas sin irte y volvías sin querer quedarte. Y yo, que ya había dado demasiado, entendí por fin que no podía salvar lo que solo yo estaba intentando sostener.

Pero no te confundas… soltar no fue dejar de sentir.

Fue aprender a vivir con la ausencia. Fue despertarme muchas noches con el corazón encogido, repitiendo en silencio tu nombre. Fue recordar tu voz en los silencios más rotos. Fue mirar la vida sin ti y fingir que estaba bien.

Y aún me tiembla el alma…

Sí. Cuando alguien pronuncia tu nombre. Cuando escucho esa canción. Cuando cruzo ese lugar que todavía guarda nuestras risas.

Me tiembla el alma porque hay heridas que no gritan, pero tampoco se curan del todo. Porque aunque te haya soltado la mano, hay días en los que sigo sintiendo el eco de tu calor en la mía.

Pero ya no me quedo ahí.

Dejo que tiemble. Que duela. Que arda si tiene que arder.

Y luego, camino.

Porque si algo aprendí, es que no se puede construir nada en el lugar donde solo yo quise quedarme.

Soltar fue sobrevivir.

Y hoy, aunque me tiemble el alma, estoy en paz.

Continuará…

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