Qué curioso…
Que te vean rodeado de gente cuando por dentro solo hablas con el silencio.
Que crean que tu vida es un torbellino de planes, de sonrisas compartidas, de conquistas sin pausa…
Y no sepan que la única persona con la que hablas antes de dormir es contigo mismo.
Que te imaginen lleno de opciones, de mensajes, de afectos disponibles…
Y tú solo tengas una cama vacía, fría, donde el único rastro que queda es el aroma de lo que soñaste tener.
Que te envidien la popularidad, la aparente facilidad para conectar, cuando llevas semanas sin contarle a nadie cómo te fue el día, sin un abrazo que no sea imaginado, sin una mirada que te vea de verdad.
Es irónico, sí.
La imagen que proyectas se convierte en una jaula: te ven seguro, fuerte, completo… y no se atreven a preguntar si estás bien.
Porque cómo vas a estar mal si “tienes de todo”.
Y no saben que no tienes a nadie.
Solo un corazón que pregunta bajito:
¿por qué nadie nota mi vacío?
¿por qué nadie ve mi soledad?
Y entonces entiendes…
Que a veces, no es que no te vean, es que aprendiste a esconder tan bien la tristeza, que ya nadie sabe cómo encontrarte detrás de la sonrisa.
Epígrafe:
“La soledad no siempre se nota por el silencio.
A veces también se esconde detrás de la risa más alta, de la conversación más fluida y de la imagen más segura.”
Continuará…
Deja un comentario