Te voy a querer siempre, lo siento así… aunque no vuelva a escribirte jamás.
Aunque en el trabajo debamos apoyarnos como si nuestra historia juntos nunca hubiera existido.
Aunque nunca más sepas nada de mis noches, de mis logros o de mi silencio.
Aunque finja que ya no me importa.
Porque sí… te quiero.
Y no me avergüenza decirlo.
Te quiero con todo lo que eso implica:
Con los “ojalá” que ya no caben en esta vida.
Con los “hubiéramos” que todavía duelen.
Con los recuerdos que se quedaron a vivir en mi pecho como inquilinos que no pagan renta, pero tampoco se marchan.
Te quiero con las heridas que aprendí a no tocar.
Con la nostalgia de lo que fuimos… y también de lo que no supimos ser.
Con ese punto y aparte que nunca se convirtió en final.
Fuiste esa parte de mí que todo lo removía.
Ese “antes y después” que marcó mi forma de amar.
Esa voz que sonaba a casa.
Ese sueño que no llegó a ser.
Esa historia a la que le quise dar mil vidas… y tú sólo una despedida.
Y aunque ya no estés, sigues en mí.
En cada alegría que no pude contarte.
En cada noche en que vuelvo a tragarme tu nombre.
En cada victoria que se quedó sin aplausos tuyos.
En cada parte de mi vida que aún esperaba encontrarte.
No, no es que me faltes para seguir.
Es que todavía apareces en los pensamientos que no sé compartir.
Porque no te olvidé…
Solo aprendí a no decirlo.
Y sí, me encantaría saber cómo estás.
Pero no voy a preguntarlo.
Porque también entendí que no todo lo que se ama se debe tocar.
Que hay amores que sólo se cuidan desde lejos.
Porque cuando están cerca… duelen.
No se trata de orgullo herido.
No es rencor, ni venganza, ni cierre.
Es cuidado.
El tipo de amor que ya no se nota, pero aún late.
Así que sí…
Te voy a querer toda mi vida, pero ya no te voy a buscar.
No volverás a encontrarme al otro lado del mensaje.
No volveré a aparecer en tus notificaciones.
No voy a dejar pistas, ni excusas, ni señales.
Porque si te sigo buscando, el que se pierde soy yo.
Y ya no puedo permitírmelo.
No merezco seguir rompiéndome por alguien que no supo quedarse.
No puedo seguir guardando el sitio a quien ya eligió marcharse.
No quiero seguir fingiendo que me conformo, cuando nunca me alcanzó tu mitad.
Hay despedidas que no se gritan.
Hay amores que no se olvidan.
Y hay silencios que también son una forma de amor.
Si algún día preguntas por mí, si alguna vez te invade la duda de si ya te olvidé, recuerda esto:
Me fui para no volver a romperme.
Pero me quedé con lo mejor de ti… guardado en lo más frágil de mí.
Continuará…
Deja un comentario