904. Donde se confunden: Comprensión y resignación

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Porque entender a alguien no significa tener que quedarte a sufrir con lo que hace.

A veces creemos que estamos siendo comprensivos, cuando en realidad nos estamos resignando. Nos contamos que lo entendemos, que sabemos por lo que está pasando, que hay que tener paciencia… pero por dentro estamos rompiéndonos a trozos, soportando cosas que nos hieren porque nos da miedo perder.

Y no. No es lo mismo comprender que resignarse.

Comprender es ver con empatía. Es aceptar que la otra persona tiene procesos, miedos, heridas, límites. Es querer estar ahí sin intentar cambiar al otro, pero sin dejar de ser tú.

Resignarse, en cambio, es dejarse para luego. Es tragarse las palabras, justificar las ausencias, perdonar lo imperdonable, aferrarse a la esperanza mientras todo a tu alrededor se desmorona. Es mirar hacia otro lado mientras tu dignidad se escurre por los huecos de tu paciencia.

Yo también confundí muchas veces ambas cosas. Le llamé comprensión a callarme lo que me dolía. Le llamé empatía a dejar de lado mis necesidades. Le llamé amor a aceptar menos de lo que merecía, sólo porque entendía su historia.

Y claro que la entendía. ¿Cómo no hacerlo, si la amaba?

Pero comprender no debería implicar aguantar. No deberías tener que acostumbrarte a la ausencia, al desinterés, al cambio de actitud. No deberías tener que normalizar las dudas, ni justificar los silencios eternos que duelen más que cualquier grito.

Comprender no es permitir que te destruyan mientras tú sigues esperando que un día lo entiendan todo y cambien.

No se trata de ser cruel ni egoísta. Se trata de no dejarte morir por dentro mientras cuidas a alguien que ni siquiera nota tus heridas.

Porque cuando la comprensión se convierte en resignación, dejas de salvar al otro… y empiezas a perderte tú.


Epígrafe:

“Porque entender no te obliga a quedarte. Y amar no debería costarte la paz.”

Continuará…

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