905. Donde se confunden: Paz y vacío

By

Porque a veces no estás en paz, solo te rendiste.

Dicen que cuando por fin dejas de llorar, de discutir, de esperar… es que encontraste paz.

Pero no siempre es así.

A veces sólo te quedaste en silencio porque ya no sabías qué más decir. A veces no es calma, es agotamiento. No es sanación, es resignación vestida de aparente serenidad. No es que todo esté bien… es que ya no tienes fuerzas para seguir luchando por algo que, aunque no lo digas en voz alta, te sigue doliendo igual.

Eso no es paz.

Eso es vacío.

Yo también confundí esa sensación. Creí que estaba avanzando, que por fin lo había superado. Me dije a mí mismo que si ya no me dolía tanto era porque había sanado. Pero la verdad es que sólo me había callado. Sólo había dejado de insistir. Sólo estaba aprendiendo a vivir sin ruido… pero también sin ilusión.

No hay nada más engañoso que esa etapa donde ya no lloras pero tampoco sonríes. Donde no hay rabia, pero tampoco alegría. Donde todo parece tranquilo por fuera, pero por dentro hay un desierto. Un lugar donde ni siquiera dueles con intensidad, porque te fuiste apagando de a poco.

Y el problema de ese vacío es que se disfraza de paz, y los demás te creen bien. No preguntan, no se acercan, no notan que en realidad te estás sosteniendo como puedes. Porque no gritas, porque no explotas, porque no rompes nada. Porque ya no pides ayuda.

Pero lo que nadie ve es que estar en paz no debería sentirse así. No debería sentirse como si ya nada importara. Como si hubieras cerrado todas las puertas incluso para ti. Como si la única forma de dejar de sufrir fuera dejar de sentir.

Y no.

Eso no es paz.

Eso es rendirse.

Eso es perder.


Epígrafe:

“A veces el mayor ruido es ese silencio que nadie escucha, y que tú cargas como si fuera calma.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario