Porque perdonar no significa que ya no duela.
La gente asume que si perdonaste, ya pasó. Que si no hablas de eso, ya no duele. Que si no lo mencionas, ya no lo recuerdas. Pero no saben que hay heridas que no sangran, sólo siguen doliendo en silencio. Y que el perdón no borra el daño… sólo lo acomoda para poder seguir respirando.
Dicen: “Ya lo perdonaste, suéltalo.”
Y uno piensa: “Sí… pero no sé cómo.”
Porque no siempre el perdón viene con olvido. A veces perdonas porque es lo único que puedes hacer para no romperte más. Porque ya no quieres seguir cargando odio. Porque te cansas. Pero no porque hayas dejado de sentirlo.
Yo también perdoné a quien me rompió, a quien me dejó cuando más lo necesitaba, a quien juró quedarse y fue la primera en irse. La perdoné a ella, a S, aunque no me lo pidiera. Porque necesitaba seguir, no porque lo mereciera.
Y no, no la olvidé.
¿Cómo se olvida a quien te desarmó con una sonrisa? ¿Cómo se borra a quien fue refugio antes de convertirse en tormenta?
No. No se olvida. Se sobrevive.
Se sigue. Se guarda. Se aprende a caminar con eso dentro.
Porque hay amores que no se van… sólo se archivan. Hay traiciones que no se gritan… sólo se entierran. Y hay dolores que no matan… sólo te transforman.
Así que no me hables de olvido.
Háblame de memoria.
De cómo sobreviví a eso sin perderme.
De cómo sigo aquí, aunque me duela recordar.
Y no me pidas que sonría como si todo estuviera bien. Porque no todo lo que perdoné, lo superé. No todo lo que callé, lo olvidé. No todo lo que solté, dejó de doler.
Epígrafes
“Perdoné. Pero no olvidé. Porque hay cosas que no se olvidan… sólo se aprenden a llevar sin que te destruyan.”
Continuará…
Deja un comentario