913. La vida no se mide en años, sino en huellas

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Podemos vivir décadas sin apenas tocar el alma de nadie, o podemos ser un instante fugaz que, sin saberlo, deja una marca eterna. No importa cuánto duremos, sino lo que construimos en quienes nos rodean: una palabra que alivió, una mirada que sostuvo, una mano que no soltó a tiempo.

Al final, no quedarán los relojes ni los calendarios, quedará la forma en la que hicimos sentir, las heridas que ayudamos a cerrar, las sonrisas que provocamos y los silencios que llenamos con amor.

Quizás la eternidad sea eso: lo que permanece de nosotros cuando ya no estamos.

Continuará…

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